Existen diversas cosas, personas y lugares a los que nos sentimos aferrados, unidos con un hilo invisible y que tenemos tan interiorizados que forman parte de nosotros mismos, de nuestra esencia y no entendemos nuestro propio ser sin ellos.
En ocasiones esa unión, que a priori parece positiva para el autoconcepto y la autoestima, puede bloquearnos, frenar o interrumpir nuestro crecimiento personal o simplemente herirnos, porque abandonamos nuestra propia libertad de ser para convertirnos en esclavos de un sentimiento que nos convierte en inseguros sin esa unión.

EL APEGO Y LA DEPENDENCIA EMOCIONAL

El apego es el vínculo afectivo y emocional que desarrollan los cuidadores. Resulta muy importante en la etapa de crecimiento ya que cumple una función protectora proporcionando la seguridad necesaria para explorar el mundo. A medida que aumenta la independencia disminuye el apego. El apego insano es excesivo, no permite la independencia y frena la exploración óptima.
El concepto de dependencia emocional puede estar relacionado con el de apego, pero con el apego insano. La dependencia emocional es un exceso de apego, combinado con una baja autoestima e inseguridad, dependiendo en exceso de que otros te quieran y de la evaluación de los demás. Existiendo una hipervigilancia y necesidad de control, olvidándonos de nosotros mismos. Es no saber estar solo, miedo a la soledad y a estar con uno mismo.

El egoísmo, término que causa rechazo y que para nada parece positivo no es más que aprender a respetarse y valorarse, a cuidar de uno mismo tanto o más que de los demás. La cultura del sufrimiento, quizás debido a la postguerra y a las miseria, nos transmite que el sufrimiento es positivo, que quien sufre es una persona buena “que buena mujer era, padeció tanto…” Sin embargo la bondad de aquellos que disfrutan de la vida sin sufrimiento no parece tan evidente.
El desapego consiste en desprendernos de la obligación de permanecer unidos a ciertas cosas sin sentirnos mal, sin sentirnos inseguros.
El proceso de desapego nos permite seguir la relación pero sin dependencia ni sufrimiento. Nos desprendemos de la obligación implícita de permanecer unidos sin sentido ni fundamento y nos relacionamos desde nuestro propio sistema de valores y creencias. Sin la inseguridad y con plena consciencia de uno mismo, sabiendo que esa persona, lugar o cosa es una ELECCIÓN hecha desde la propia libertad e independencia y abandonando la angustia que genera el pensar que no, que no es una elección sino que sin ello no podría vivir. Cambiamos el no podría por el no quiero. Es ser independiente
NO aislado. Es relacionarse de manera sana con uno mismo para poder hacerlo con plena consciencia con los demás.

Es seguir amando pero sin miedo a perderlo, y eso deriva de la propia seguridad en uno mismo. El desapego nos permite relacionarnos sin descuidarnos a nosotros mismos y sin dejar que el caos interno reine en la relación. Es un paso más para ser felices.

EL CEREBRO EMOCIONAL

¿Dónde radica pues esa dependencia? ¿En que parte de nuestro cerebro está programada la necesidad de sentirse aferrados a los demás? Como muchas otras emociones el apego cumple una función adaptativa y está relacionado con la maternidad.
Los hallazgos neurobiológicos realizados en los últimos años apuntan a una clara implicación del sistema límbico en el proceso afectivo-emocional de creación de un vínculo. El sistema límbico está formado por diversas estructuras encefálicas que integran la respuesta del organismo ante estímulos emocionales de variado tipo. La mayoría de estas formaciones nerviosas pertenecen a los hemisferios cerebrales como es el caso de las cortezas cerebrales orbitofrontal y cingular, la formación del hipocampo, el complejo amigdalino o porciones de los ganglios basales.

La plasticidad cerebral en los primeros años de vida hace posible que el apego se forme y moldee dependiendo del entorno afectivo de los niños. Ese estilo de apego desarrollado en la primera infancia condicionará la manera de relacionarse del futuro adulto.